My golden life capítulo 22

seo eun su

Llega Jisu a la casona con nocturnidad y ¿rencor?… Me da que con bastante rencor; y los Choi en pleno se sintieron como cuando Harvey entró en Texas como Pedro por su casa, o María en Puerto Rico, que fue otra que llegó arrasando.

Con qué desparpajo y arrojo se presenta ante su madre con un rentintín un tanto falso en su ~bangapsumninda~ o lo que es lo mismo “encantada de conocerla” que ya que se supone que es su hija y esa es su casa, pues viene a ocupar el cuarto que antes había ocupado Jian. Ellos le dicen que están sorprendidos de que haya venido así de rápido y bien fresca ella les contesta “¿Acaso no les dijeron a los Seo que me enviasen?” Los Choi están atónitos. Jamás nadie se atrevió a contestarles con 4 piedras en la mano.

En esas baja Do Kyung, quién también se sorprende… Otro al que trata con la punta del zapato. Con la única que se porta medianamente bien es con Seo Hyun. Y eso porque ella está en babia. Aviso para los padres “Ya pueden ir haciéndola partícipe del makjang que tienen armado” La primera noche en los predios Choi no hace sino mofarse abiertamente de todas sus costumbres… Pisando fuerte.

Papá Choi está contento y le pasa por alto la grosería. Do Kyung está con remordimiento por como sucedieron las cosas, y asombrado al enterarse por su hermanita Seo Hyun que Jian lo había puesto en un pedestal… ¡oops! Dame la impresión de que con cada cosa que le dicen de Jian Don Do Kyung se va enamorando más de la doncella, y más lo mortifica haberse portado con ella como un reverendo patán. La matriarca está indignadísima con la cara dura de “esa” que se supone que es su hija. La cara de la matriarca cada vez que se cruza con “esa” es un poema ante tanta afrenta directa.

Jitae y Suah comentan el asunto, él está preocupado por lo que pueda pasar, sabe que los Choi no los van a dejar en paz, y que les pueden hacer la vida a cuadritos. Mamá Seo está bastante preocupada por lo incómoda que pueda estar Jisu en lo de los Choi, pero papá Seo por quien se preocupa es por Jian. No saber que es de su vida, le va a dar una úlcera sangrante. La mamá en cambio cree que su hija no viene a casa porque la debe estar odiando.

Cuando Jisú está a solas, y sin tener que estar armando espectáculo; se acuerda de la última conversación que tuvo con su papá Seo y cómo él le confirmó que la vez de la debacle con Jian, también la habría mandado de vuelta con los Choi y no hubiera intentado detenerla, ya que son su verdaderos padres. Eso de verdad que le hizo girones el alma, porque los Seo son su mundo. Y esa rabia la suelta siempre que tiene a un Choi (o a todos los Choi) delante. “Yo no vine aquí a ser vuestra hija; vine porque no tengo otro sitio donde ir –Los Seo no me consideran suya y francamente tenía curiosidad por ver que fue lo que encandiló así a mi hermana Jian”

Do Kyung se preocupa porque Jian no aparezca; a Jisu le revienta que le pregunte por ella. Le parece absurdo dado que ella ya no es nada suyo; por mucho que él se esté parapetando tras la cantaleta de “La quise como hermana un tiempo” ¡Venga chaval! A otro perro con ese hueso. Pero él en serio que se encuentra acongojado; eso mueve Roma con Santiago intentando dar con ella; manda a su chófer a buscarla con sus amigos del instituto, se va a hablar con Hyuk. Ahí le tocó desenmascararse y Hyuk bien rápido pasó de tratarlo como a un usurero de poca monta a tenerle el mayor de los respetos cuando vio su tarjeta de visita del todopoderoso Haesung Group.

Otro que anda como sabueso rastreador es papá Choi, pero este porque tiene la mosca tras la oreja de porqué su mujer exculpó a los secuestradores de la niña de manera tan fácil cuando la chiquilla fue abandonada a su suerte en un terreno baldío y hostil. Todo el cuento de su mujer ahora le empieza a parecer más raro que un perro verde. ¡Ven, no era yo la única 😉 !
café y pan
Gracias al cielo y a la escritora los entuertos de la Sra Café y el Sr. Pan empiezan a enderezarse; no es que sean “días de vino y rosas” todavía. Pero. Como Jisu en su mundo de harina y levadura vuelve a ser la niña dulce y cándida de siempre en vez de la arpía respondona y divertida del “Choiismo” le cuenta a Hee que su Nam Goo no está casado nada; más bien que está “solterito y a la orden”

Luego durante la cena en familia Choi, Jisu les dice unas cuantas verdades que los mortifican un rato extenso. Cuando la hermana le dice que porque está iracunda; le responde que porque sus padres la extraviaron –cuando intentan escudarse tras un “accidente”, no los deja. A ella la perdieron por adornarla con diamantes rosa. Ni más ni menos.

¿A quién se le ocurre vestir a una nena de tres años con piedras preciosas? Después de todo, si un hambriento ve pan, pues se lo come. El cuento de la Choi cada vez resulta más débil. ¿Porqué no hicieron analisis de ADN cuando mamá Seo postuló a Jian? Nada, que a ella no la van a convencer con nada. Que más culpa que la mamá seo tienen los padres Choi, y que por eso, ellos no pueden hacer nada en su contra.

Ella es la única que tiene derecho a odiarlos por rechazarla, pero los Choi no pueden ni tocarlos con el pétalo de una rosa. ¡Choltero! ¡Shiró! Papá Choi está de acuerdo con todo lo que dice su hija Jisu y la Choi lo que quiere hacer ahora es viajar a Hawaii a camelarse al padre para que no le de la vena de favorecer ahora a su otra hija.

Tanto Do Kyung como Hyuk y cada uno por su lado se agarran un pedal digno de coreanos y por la misma “¡méndiga vieja, ¿no que no?!… ¿Onde tás ingrata mujer, que me dejates solito y abandonao?” Kang Nam Goo el panadero, que le sirvió de paño de lágrimas a Hyuk mientras narraba sus cuitas borracho, se las ingenia para que ya que se “desenamoró” de Jian, le haga ojitos a su ayudante de panadería, y los manda a ambos de paseo a Incheon a ver si encuentran a Cupido.

A Cupido no sé. Pero a Jian si. Y menos mal, porque me pasé todo el capítulo pensando si seguía tirada en medio del bosque tupido y gélido…

Este capítulo se lo lleva Jisú de calle. Me pareció buenísima la contundencia de su personaje. Todo este capítulo estuvo como una metralleta de gatillo fácil ¡Madre mía las ráfagas que les dedicaba cada vez que abrió la boca! Y lo que alcancé yo a disfrutar de que hoy al bendito Confucio lo hubiesen dejado guardado en la nevera.

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